Delmo fue esencialmente un hombre de campo, un innovador, que allá por los años 50´ decidió sembrar las primeras hectáreas de un cultivo novedoso, propicio en estas tierras, el maní. Productor de los de antes, que amaba el campo y a pesar sus incertidumbres decidió invertir en él, sobrepasando diferentes obstáculos.
La pasión por la producción de maní fue ganando su corazón y así nació una historia de amor, paciencia y mucho trabajo, que perduró en el tiempo y que supo trasmitir a sus hijos y a sus nietos.
Fue un hombre que eligió siempre el camino del esfuerzo, enseño que sólo con sacrificios se consiguen los logros. Demostró que ese sacrificio no es pesado si se toma con alegría. Que esa alegría es la base para las ideas nuevas, para desarrollar la creatividad y la innovación.
En el año 2008 colaboró con su hijo Walter en la creación de Grupo Cavigliasso, con las mismas ganas de siempre. Junto a la fuerza de la gente joven que se incorporó entonces para apoyarlo, Delmo continuó hasta el último de sus días, apostando a su pasión, el maní.
Todavía hoy podemos sentir su apoyo que acompaña en cada paso a esta empresa que crece con fuerza y muchas ganas de progresar.
Gracias Delmo por tu legado de trabajo, constancia y eficiencia.
Siempre estarás con nosotros.
Walter y Claudia.
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